Brenda's profileDulzura rasgada ~ El art...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
Dulzura rasgada ~ El arte, la libertad, la perversiónFebruary 07 anata wa doko desu ka
Nola
Thérèse Anna Hester Mlle. Chartres
Simone Nadja Audrey
Dido Alice Sivyl
Sofía Julianna
Emma.
Beatrice
y yo? November 27 Impugnación a la Nociceptividad
Comprende que le fueron dados los inviernos: concibe al frío menos como falacia patética y más como razón inútil para endulzarse bajo capas de terciopelo Escribe cartas como baraja naipes, pero se olvida por momentos de cuidar la caligrafía y de que un juego – incluso el más amoral o el más anárquico – tiene reglas Ella amanece las sombras y asiste a funerales ajenos para justificarse en lo mórbido y en lo fragmentario. Construye espejos sobre estanques y delira fiebres capaces de sustraerla del rencor especular que el mundo
Ella besa los talismanes que las Moiras le obsequiaron en el sueño, acepta los presagios como versos catalépticos y cree tanto en brujas
impasibles indivisibles
por encima de lágrimas que podrían remitir a pura felicidad
November 10 Ripple Effect
It’s always a pleasure to love you. Did you know that? Forget about those stupid little games we play since childhood. Forget me, and forget-me-not. And, beyond all that, forget my letters, my endless card game and my invincible toing and froing manias. Excuse the lip-stick traces I left you on your favorite ebony shirt. (I bet it doesn’t bother you, since you can’t tell the difference between my kisses and another things that ‘get along with you’, or ‘sit well with you’, or merely, another random things that you may like). Excuse our mad chattering habit and this cyclical writing that goes to nowhere. Don’t play upon me (stab me once and for all), chastise my sins with your brilliant little lies and let me believe in that kind of love books hide. Rave about me, blame me (aren’t moral and mysticism the same thing, then?), tie me, lock me, blindfold my consciousness, rouse me with deceitful words and built a mirage in which I could tear out this heart before it’s too late. Talk me about stars ‘till I fall sleep. Convince me this is over. September 28 Byronesly
So, we'll go no more a roving Desencantada, acudo al panteísmo de las idolatrías que otrora supo salvarme; te reconstruyo para que no mueras de un disparo en el corazón (mis congéneres reclaman una venganza que sepa a justicia poética) pese a que, de a ratos, las heridas que infligiste se desangran (me desangran, te desangran). Habituada a las dagas principescas y a puñales endulzados con veneno, tu metodología es para mí un código inaccesible; es por eso que te detesto con mucha más regularidad con la que te amo, y en el fondo, y en la síntesis, únicamente te deseo. Pero esta soy yo perpetrada por la derrota: sola en la habitación mis ecos te asedian y repreguntan cómo es que, sin remordimientos, sin cortesanas, sin exotismos ni tentaciones sexuales, mis manos entre las tuyas equivalen a un castillo de arena. Es el efecto dominó, es la medianoche como una eterna impostura, las traiciones ajenas que son complicidades inusitadas y también la oposición de mi cuento de hadas a tu porvenir decimonónico. Son todas esas cosas y, fundamentalmente, sos vos atizando el encanto de una hipótesis impronunciable; vos y yo repartiendo naipes y firmando destinos al tiempo en que - mis libros y mis lágrimas; tus cálculos y tus abandonos - evadimos la realidad con sutilezas y trajes venecianos. (Ni el público ni yo sabremos jamás quién supera al otro en materia de actuación.) Exijo, ¿qué me queda?**. Deponer las armas, deslealtar la religión y depender de talismanes. Ajustar el corsé hasta la asfixia, hasta hacer de mí el corpse que tus pretendidas bosquejarían apenas me tomases las manos y asegurases que ya no eres sino diletante de mis caprichos histéricos al mediodía. Trazar lágrimas en cartas lacradas, sobre años de adoración irremediable; entregarse al abandono de la lluvia y pretender que eres poco más que un puente columpiándome en el abismo. Alguna noche, en alguna partida, vas a responderme ***: en ese raro camino que emprendiste en súbito, ¿hay lugar para la salvación?, ¿Me dejarás ideologías como alhajas, caireles que son penitencias, frivolidades discursivas que antagonizan con mis amores de ficción?, ¿tengo derecho a una herencia de febriles idearios, o a un sustituto del último y único oficiante de mis derrocados monoteísmos? **** Herida, preservo la solemnidad al juego y adelanto belleza como si se tratara de peones sobre tableros bicolor. Ante todo, recuerdo que este presente continuo está suspendido en un páramo infranqueable, y que de a ratos agradece dulcemente la vanguardia estética de la que – old tricks! – reniegas. Extiendes la mano, derramando absenta (hay ron, licores de drupa, vodka y tabaco repudiado); con el mismo gesto displicente arrojas el cubilete, anatemizando al amor y recurriendo a la muerte de dios para exponer la ontología de un ser imperfecto, de un future proche en el que la idolatría sea apenas una reminiscencia opaca. ¿Y cuándo fue que iniciamos este rito absurdo? Somos vos y yo repartiendo naipes, a la espera de un suceso que inhume las voces afuera. * Pero este punto nunca me molestó. Recibiste tantos nombres y tantas percepciones onomásticas que envidiar la cadencia de tus sílabas en labios extáticos no alcanzaría siquiera a infundir una pasión ridícula. ** ¿Qué nos queda? *** Soy, en fin de cuentas, la única jugadora que comprende tu psicopatía lúdica. June 05 A propósito de la neurastenia (Alguien te ama; yo te desconozco). Mueren mis obsesividades al pie de tus rectas advertencias; mueren todas las cosas que nuestros devaneos inconstantes (‘interrumpidos’, me dices) apostaron alguna vez en el póker de las perdiciones. Te despojas, suave, radicalmente, del manto libertino que le conferiste a tus pasos, te desairas – como en una demencia incompleta – de mis convocatorias a la inconsecuencia; me importunas con suspensos cuidando no asignar a ninguno de los caracteres una correcta interpretación en esta feria de las vanidades. Si te deseo, es por amar el movimiento de los dados; es por cargar un reloj malherido y por visitar los precipicios. Tú en cambio ves en mí una potencialidad: es la potencialidad más patética de todas, y a la ausencia de ella alejas – con doble astucia – el traspaso, mano a mano, de la copa sadiana que me envenenase la frente al contacto inmaterial de tus labios. Lo que sucede es que te bastan (lo afirmas con cierta efusión demorada entre sangre y máscaras puritanas) los destellos de un espejo roto. De mí sólo obtienes una imagen labrada en la nada (encaminada a la nada), al tiempo en que afirmas ideologías falsarias y atraviesas estadíos tan fugaces como repertorio de pecados nos ofrece Lucifer. No hay nada en ti que me corresponda y sin embargo, respiro afantasmada en la intriga inaudita de tus elecciones; mi incomprensión te asigna un sitio entre los enfoques irresueltos: en realidad, nuestro problema empieza (y también termina) al descubrir que no logramos un autorretrato por habernos tomado mutuamente una fotografía. (Y pese a que exhibes un talento maestro para la confección de marcos y de escuadras – transferencia, si se quiere, de mis viejas amistades con la matemática y el álgebra – tus ejecuciones son absolutamente rudimentarias: todo lo que recusas de mí y esclavizas a esa intolerable columna estoica, amplifica la filosofía de lo misterioso). Extraviada, recorro abismos similares con la esperanza de acallar el rumor de lo imaginario; nada me consiente, puesto que he partido en busca del dramatis personae y tú te limitas a observar el reparto con expectativas reprobatorias (o, lo que es aún peor: haces pequeñas torres con tus errores de la infancia, para solicitarle a la configuración ideal del antihéroe un pasado oscuro y subyugador). Yo sé que la disyuntiva de Hamlet no te acribilla, y que son indiferentes tus ojos a la jaula de estalactitas morales en la que me has conducido. (No obstante duermes por las noches ya que, por obra de una religión extraña, consideras que soy yo quien ha puesto el cerrojo y quien carga las llaves). Yo sé todo eso, pero no puedo evitar recordar que alguna vez suspiraste frente a la danza de los velos. Sólo me queda el examen de los pasos en falso y el encuentro del arma perfecta para un crimen que, de tan ciclotímico, sabe a olas y a discurso literario. Lo triste del asunto es que pierdes ciertas cosas de perspectiva. En primer lugar, el perfeccionamiento de mis ya conocidos maniqueísmos: me conminas a escoger un personaje para más tarde declinar tu butaca en el teatro de las apariencias (aquello reclasifica al mundo: están quienes se radiografían, y estamos también quienes nos evadimos por ya habernos radiografiado decenas de veces). Luego, que tu huída no hace más que disgregar las palabras; ¡Admite de una vez que vives sobre juegos de luces! Pero lo mejor de ti es lo que te hace tan, tan risible: arguyes corrección en las almas faustianas e imputas coherencia en poemas surrealistas. Caro mio, no sabes nada. March 14 Ceremonia Secreta“Et tu, Brute?” W. Sk: Julius Caesar
En parte me robaste las palabras. (O no, ese es el problema). Demasiado ensimismada cortando flores en el jardín, me pregunté si es que estas rosas que mueren en mis manos se desangran por amor o por una simple, muy, muy simple anemia del color al que una infanta esquizofrénica ambicionó transmutarlas. Inútil solicitar a tus ojos graves, a tus pasos taciturnos y a tu avaricia intempestiva (todopoderosa) que repares en esas hebras doradas que antaño fueron artículos en tus colecciones de mariposas; un error metódico, lleno de ingenuidad, pretender que vislumbres los gestos acaramelados de mis rodillas sumidas en la tierra, a cada momento haciendo equilibrios precarios, siempre confirmando esa trágica paradoja que es soñar con estrellas mientras me hundo en el fango. ¿Y para qué iba yo a molestarme en enseñarte los pliegues de las aves, si tu diversión parece ser – a instancias de los telescopios – releer decenas de veces mis votos de castidad al altar de tu idolatría? Cómo consonar, amor mío, mis melodías demenciales con las tuyas tan aritméticas; cómo disolver las amapolas y confeccionar un brebaje que simule las osadías con que tus cortesanas te demoran; cómo exaltar tu imagen cuando envolviste de mantas blancas los espejos, vedándome el rostro y anulando el eco de tu belleza a mis espaldas. Y es que nunca quedará claro si lo que deseas es mi devoción libertina, todos los dogmas de un Heliocentrismo irrevocable, la rendición de mis armas en el tabernáculo de tus sensibles intereses, o simplemente disfrazar ese egoísmo que repartes cuales naipes, feliz de consistir en garantía para mi ceguera frente a las escasas maravillas del mundo que logran excederte. Ante eso, ante la imposibilidad teórica de dominar el tiempo y de exterminar los encantamientos que de a ratos me significan, calibras contextos reales con las varias muñecas que acumulas sigilosa (y tan poco poéticamente) en el arcón de los reemplazos genéricos, visitas amistades olvidadas, te dulcifican las histerias de oriente y hasta juegas a esparcir secretos (he aquí una traición shakesperiana) que son árboles pero no flores. (¿Y qué se supone que iba a hacer yo, cuando su Majestad ordenara liberar los rosales blancos?; ¿Vaciar los frascos de pintura sobre el césped, para simular mi sueño escarlata, y dejar caer los pinceles y escaleras que con tanto esfuerzo dispuse para ofrendarle una consorte a su misma altura?). el que aun me evoca / vive las traiciones con naturalidad, / pero le sorprenden mis bautismos con nombres extraños.
January 15 Traición Litográfica
¡Y allí empezaron nuestros desamores! Ya no más impulsos a la luz de la luna, no más patetismos abastecidos en el clímax de tus ocurrencias, no más uñas engarriadas a tinturas perpetuas y maltrechas, y cientos de finales para esa violencia irreparable, autárquica, completamente hermosa con la que dabas forma y color a mis sueños de la infancia. Para qué preexistes en el ático, me pregunto, demorando cadenas de palabras que no son como frescos impacientes, o conjeturando esos rasgueos de pluma que serán siempre antagónicos a las viejas comas de impresión. Con cuántas rimas falsas habrás de transigirte, insisto, antes de comprender que tu deshonesta ceremonia literaria es apenas una cámara lúcida para textos sin fondo, sin esencia, sin color. (Y es terrible, estimado mío, decir que trazo este espejo en tu jerga y tu dialecto, porque de otro modo nunca me escucharías). Ahora rezo en los panteones de esas eternidades que juntos repudiábamos y me dedico a tapiar ventanas por las que, estás seguro, la inspiración te sobrevendrá, enaltecida, lírica y bella, garante de padrinos que comprendan la profundidad de tus innatos respingos de arte en arte. (¿Por qué, dulce maestro de mis futuros perfiles, habrías de elegir exactamente las tierras desiertas que transitan, desde hace centurias, mis pasos funambulitas?) Ahora regateo sílabas y lexemas, con la inaudita creencia de que, al arrojarlas en el discurso cotidiano, las transmutaría - desamparadas ellas -, el fulgor de tu apasionado intelectualismo retórico. Qué ocurrió con el agua, clareada y siempre rojiza, que apresuraba la muerte de las flores que yo traía en primavera, cuando me liberaba de los espectros de la belleza reconsentida en derredor… (Las rosas sobreviven, amado mío, mas no los simbolismos). Qué ocurrió con los fragmentos de mármoles y las tizas destrozadas, con la suciedad de los pinceles que guarnecía la cuna de tus cuadros y el altar de tu talento (¿y cuántos reinos se disiparían por la sola ostentación de ese atributo?), con el desprecio indeciso a los marcos y las ferias del arte computado, con los ojos cerrados y las musas aguijoneadas de absenta y de heroína… Qué ocurrió con mis retratos, las docenas de imágenes en que advertirías esta políglota polisemia, con las ínfimas salpicaduras de óleo morando el cuello de tu camisa, o con la polvareda de grafito que maquillaba los desvelos con que enamoraste a las mujeres fatales de Moreau y a Ophelias aún más tristes de las que Rimbaud alcanzó a imaginar. Es ridículo (y no lo sabes) pretenderte poeta y sincerar tu alma en discursos teatrales; así de risibles son tus frases y la cadencia de esos homenajes con que escupes los mismos motivos que intentas encumbrar. Creador mío, es que ahora somos adversarios! Arroja ya, te suplica esta circunstancial adepta a Savonarola, tus escritos al frío acrisolado del olvido y reunámonos en el atelier de los talentos exactos, como si esparciéramos una lluvia tenue que distrajese el hambre de destrezas que clama la Hoguera de la Vanidad. No lo entiendes, y me atacas tan amable, tan honestamente; “alla prima” disparas contra mi cuerpo y mis colecciones de novelas intangibles (pero laureadas, siquiera, por ese panteón absurdo y radical de los signados por un don que es intransferible). Hoy me envaras injusta, desdeñablemente; sueñas con quitarme las tramas, los prefacios y los desenlaces, o con palimpsestar en nombre de tu vanguardista ciclotimia mis estrofas imperfectas y estos versos amétricos que tratas una y otra y otra vez de desanudar. Éramos la pareja perfecta: yo hablaba de rosas interlineadas, y tú contrastabas los objetos del mundo con la suavidad de la miel que aglutina las acuarelas. Éramos una melodía total, las correspondencias que soñó Baudelaire; nos armábamos de tintas y escudábamos el alma en tu paleta inagotable.
|
||||||
|
|